El partido de los empresarios

Rajoy y CospedalEscribe Joaquín Estefanía en El País.com–¿Qué tiene el decreto de reforma laboral que apareció publicado el sábado en el Boletín Oficial del Estado (BOE) que asegure la creación de empleo digno y estable?: nada. Dependerá de la buena voluntad de quien lo aplique. ¿Qué contiene para acabar con la dualidad del mercado de trabajo, principal objeto de los cambios según la ministra de Empleo, Fátima Báñez?: bastante; convierte a prácticamente toda la población activa en trabajadores precarios. ¿Qué medidas hay que sirvan para abaratar el despido?: multitud de ellas, sobre todo en tiempos de crisis tan profunda y larga para las empresas como los que estamos viviendo.

¿Declararon el presidente de Gobierno Mariano Rajoy y otros dirigentes del PP en la campaña electoral que no contemplaban abaratar el despido?: sí, de modo explícito, de manera reiterada, las hemerotecas lo muestran con nitidez. ¿Engañaron, pues, al electorado teniendo en cuenta que en el número de desempleados no hay posibilidad de cifras ocultas por parte del anterior Ejecutivo o de Eurostat, y por consiguiente no cabe ningún factor sorpresa como por ejemplo en la evaluación del déficit público?: sí, engañaron con alevosía y premeditación. ¿Han violentado el mandato electoral? Desde luego.

¿Se han conocido las líneas principales de la reforma laboral en el Parlamento, en las reiteradas comparecencias de los responsables de la misma? De ningún modo, más bien las ocultaron tras el mcguffin del contrato único. ¿Se las adelantaron, en una norma de cortesía, a los agentes económicos y sociales, que son los que principalmente tendrán que aplicarlas? Estos dicen que tampoco. ¿Las explicaron en toda su extensión cuando comparecieron ante los medios de comunicación en La Moncloa, tras el Consejo de Ministros que aprobó la reforma? No.

De la lectura en el BOE se desprenden consecuencias de calado en relación con los salarios (pueden sufrir una rebaja general, una deflación de los mismos) de las que nadie ha dado cuenta. ¿Es la aplicación de la mayoría absoluta equivalente al respeto de los procedimientos democráticos? Desde Tocqueville se sabe que no.

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