La deuda de Japón en niveles de 1997 amenaza con sumar al mercado un nuevo problema a la guerra de Irán
La deuda de Japón amenaza con sumar a la guerra de Irán un nuevo quebradero de cabeza para los inversores. Desde finales del año pasado, la rentabilidad de los bonos soberanos nipones han presionado los máximos de 1997. Los títulos a diez años son el mejor ejemplo al cotizar cerca de la cota del 2,45%. Los intereses al alza por la presión de la inflación y la política monetaria del país del sol naciente empujan a los inversores nacionales hacia la deuda local, que aviva su atractivo a niveles no vistos en décadas. Y esto es una advertencia más de que la grieta en el mercado puede aparecer lejos del estrecho de Ormuz.
Al comienzo de esta semana el bono nipón con vencimiento a una década alcanzó, puntualmente, el 2,49% de rentabilidad por las tensiones inflacionistas de un precio del petróleo al alza. Supone un techo no visto desde hace casi treinta años que para un inversor japonés supone la mejor oportunidad en su propio mercado y sin riesgo de cambio de divisa en varias generaciones. El dato es importante porque los ciudadanos japoneses están acostumbrados a depositar su dinero en el extranjero para capturar una rentabilidad inexistente dentro de sus fronteras. Es decir, la repatriación de capital puede tambalear a otros mercados como el europeo o el mismísimo Wall Street. Del mismo modo, puede liquidar las operaciones de carry trade utilizadas para financiar operaciones aprovechando disparidades en los tipos de interés.
Japón es un país con una dependencia del petróleo de Oriente Medio mayor que Europa. Según las estimaciones de Bloomberg, alrededor del 90% del petróleo que importa el país sale del Golfo Pérsico. Esto eleva el coste de las importaciones japonesas y debilita a su moneda frente al dólar. De hecho, un dólar estadounidense vuelve a cambiarse por 160 yenes. Este cruce en el mercado de divisas ha sido clave en ocasiones anteriores porque coincidió con intervenciones del mercado por parte del Banco de Japón para evitar el derrumbe de su divisa o que el interés de sus bonos se dispare sin control.
No obstante, las intervenciones de miembros del banco central escasean. El pasado lunes, el gobernador Kazuo Ueda aseguró que monitorean la situación en Oriente Medio, pero sin más mención a un cambio de política monetaria a consecuencia de la previsible escalada de los previos. Los contratos financieros OIS (overnight indexed swaps, derivados financieros que graban tipos intercambiarios y reflejar expectativas de tipos de interés) dudan de una subida de tipos de 25 puntos básicos en la reunión de finales de este mes.
Ver articulo completo en elEconomista










