Hace veinticinco años se puso en marcha formalmente el mercado interior de la energía. Ello supuso un enorme esfuerzo de transformación de los monopolios energéticos, eléctricos y gasistas, hacia la apertura a la competencia, en búsqueda de mayores niveles de eficiencia, calidad del servicio y competitividad.

Se reestructuró el sector, se abrió el uso de las redes de transporte y distribución a la competencia, los consumidores pudieron escoger a sus suministradores y se establecieron Organismos reguladores para asegurar el buen funcionamiento del mercado y la transparencia. El proceso, animado por buenos objetivos, fue excesivamente premioso y tímido en su ejecución, las adaptaciones regulatorias contaron con numerosos expedientes de infracción a los Estados, y se desatendió gravemente el compromiso de completar…

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