La internacionalización en América Latina como paso para la expansión global.

América LatinaEscribe Ramón Casilda Béjar, Profesor del Máster Oficial: América Latina Contemporánea y sus Relaciones con la Unión Europea. Una Asociación Estratégica. Instituto de Estudios Latinoamericanos (IELAT). Universidad de Alcalá. Profesor del Máster Interuniversitario: Diplomacia y Relaciones Internacionales. Escuela Diplomática de Madrid. Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación. Consejero y Asesor Internacional de Empresas para PWC.es–El comienzo de la expansión de los principales bancos españoles hacia América Latina, se produce durante los primeros años de la década de los noventa del siglo xx, cuando se vieron en una situación de profundos cambios en el mercado nacional, europeo e internacional y Latinoamérica ofrecía una excelente oportunidad para emprender nuevos negocios. La entrada de España en 1986 en la Comunidad Económica Europea (CEE, 1957) condujo paulatinamente a una liberalización y desregulación del sector, que tomó fuerza con la configuración del Mercado Único Europeo (MUE, 1993), y el proceso de la Unión Económica
Monetaria (UEM, 1993), que preparaba el lanzamiento de la moneda única (euro) en la Unión
Europea (UE, 1993), actos que definitivamente modificaron de manera radical la estructura y las estrategias de los principales bancos españoles.

Estas entidades se vieron en la necesidad de superar los límites geográficos nacionales, para buscar nuevos mercados como mecanismo para mantener y aumentar su posición competitiva, diversificar riesgos, conservar su identidad y defenderse de eventuales intentos de adquisición por parte de algún competidor extranjero. Este proceso de expansión internacional comenzó a dar sus primeros pasos por Francia, Italia, Marruecos, Portugal y, de manera especial, América Latina, lo que propició un desarrollo inversor que, por su rapidez, volumen y posiciones alcanzadas, sorprendió a la comunidad financiera y de manera singular a la sociedad latinoamericana2.

En general, los sistemas financieros latinoamericanos presentaban una creciente apertura y desregulación, un bajo nivel de bancarización, altas rentabilidades potenciales y una ascendente mejora en los sistemas de supervisión y regulación bancaria. Asimismo, evidenciaban carencias de capital y de nuevos productos para hacer frente a una creciente demanda de servicios financieros.

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