España sextuplica su PIB tras 40 años de adhesión a la Unión Europea

El 12 de junio de 1985 es una fecha clave para la península ibérica. Con la firma de los Tratados de Adhesión a las Comunidades Europeas, España y Portugal volvieron a abrirse al mundo. Fue el primero de enero de 1986 cuando se hizo efectiva su entrada, tras un largo período de democratización y modernización. «España es Europa», aseguraba Felipe González, un joven socialista de 40 años que encabezaba el Gobierno tras ganar las terceras elecciones democráticas de España.

La incursión de nuestro país en el selecto club europeo, junto con nuestros vecinos, hizo que el PIB se multiplicase por seis 40 años después. Por aquel entonces, el PIB español no llegaba apenas a los 226.228 millones de euros. Cuatro décadas después, España espera cerrar 2025 con una producción económica cercana a 1,5 billones de euros, siendo el país desarrollado que más crezca este año, con un avance del 2,9%, según la mayoría de organismos públicos y privados.

Sin duda, esas firmas supusieron un hito político y económico que volvió a situar en el mapa global a lo que antaño fueron dos potencias globales.

A finales de los 80, España ya podía considerarse una democracia consolidada y necesitaba darse a conocer al mundo. El mismo año que entró en Europa, en el mes de diciembre, la Asamblea de la Oficina Internacional de Exposiciones eligió Sevilla como sede para la Exposición Internacional de 1992 y, en octubre de 1986, el Comité Olímpico Internacional pronunció el nombre de Barcelona como elegida para los Juegos Olímpicos de 1992. España quería presentarse al mundo como una economía que ya era mayor de edad y podía competir de igual a igual entre los grandes del mundo.

Las ceremonias de rúbrica en el Palacio Real de Madrid, en el caso de España, y en el Convento de los Jerónimos de Lisboa, para la adhesión lusa, «marcaron el final del aislamiento internacional que ambos países habían experimentado durante décadas y simbolizaron su plena incorporación al proyecto europeo», aseguraba el presidente del Real Instituto Elcano, José Juan Ruiz.

España crecía más que la UE

El experto concluye en un artículo que «hay razones de peso» para concluir que la entrada de España y Portugal en lo que hoy es la Unión Europea fue un éxito. Tanto la economía española como la portuguesa presentaron una convergencia bastante paralela. Ruiz divide dicha convergencia en tres fases: entre 1985 y la adopción del euro en 1999, «una etapa de fuerte convergencia», con una beta en el caso español del 2,7% anual que implicaba una convergencia del 3,1%.

Para el experto, las transferencias netas de recursos comunitarios, cerca del 1% del PIB anual, serían el factor más importante.

Según los datos del Parlamento Europeo, España ha recibido aproximadamente 140.000 millones de euros entre 1989 y 2013, en el Marco Financiero Plurianual. Esta cantidad incluye financiación del Fondo Europeo de Desarrollo Regional, el Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural (excluyendo la PAC), el Fondo de Cohesión y el Fondo Social Europeo. En concreto, de los fondos de cohesión recibió 150.000 millones desde 1986.

Pero, junto a esto, el presidente de Elcano destaca también tres factores «que probablemente fueron igual o más determinantes» para el avance de la economía del país. La modernización institucional y la integración económica, comercial y financiera de la Península en Europa y la economía global. «Basta con observar que la apertura comercial de España en 1985 era del 26% del PIB y en 1999 ya alcanzaba el 65% del PIB», cuenta Ruiz.

Otro de los elementos que el experto señala y, sin duda, tienen mucho peso, es las reformas macroeconómicas y microeconómicas, así como institucionales, que España tuvo que hacer en esa etapa para poder entrar en el club. Ruiz explica que «continuaron durante el periodo transitorio de adopción del acquis communautaire y se aceleraron como consecuencia de dos proyectos comunitarios a los que España decidió sumarse desde el primer momento». Esos proyectos han sido los dos casos de éxito más grandes desde la fundación de la UE: el Mercado Único Europeo y la Unión Monetaria. En este tiempo, Ruiz cuenta que la regulación y las políticas económicas en España «estuvieron en un permanente proceso de cambio». En esos años «España y Portugal crecieron más que Europa«.

Los datos avalan esta afirmación. Mientras el PIB de Europa crecía a un ritmo del 3,5%, aproximadamente, entre 1987 y 1990, Portugal y España lo hacían en el entorno del 5%, según Eurostat.

A partir de 1999 comenzaría la segunda fase de cohesión, que duraría casi 15 años y que concluyó con la crisis financiera de 2008 y la crisis europea de 2012. En este momento, España acumuló una caída del PIB per cápita del 8,7%, frente a una reducción del 5,5% que sufrieron Alemania o Francia. «Lo que ocurrió es que ambas economías –España y Portugal– mostraron una vulnerabilidad estructural a las crisis mucho mayor que la que exhibieron las economías más desarrolladas de la UE», explica Ruiz.

La última fase que nombra el presidente de Elcano comprende el periodo comprendido entre 2015 y 2025, aún marcado por el impacto excepcional de la pandemia, puede caracterizarse como una etapa de convergencia destacada. En este intervalo, la evolución de la economía española mostró un elevado grado de alineación con las economías de mayor nivel de renta. La estimación de la beta para estos años se sitúa en torno al 2,2% y, a lo largo de la última década, la distancia en términos de renta per cápita se ha acortado en más de un 10%.

Aquí, de nuevo, fue clave la pertenencia a la Unión Europea. Primero por la famosa frase de Mario Draghi cuando presidía el BCE de «Cueste lo que cueste», que salvó del colapso la economía europea y luego, tras la pandemia, los fondos Next Generation del plan de recuperación que, según los analistas y organismos internacionales, dieron el impulso necesario a España, con 163.014 millones de euros, para asentar su crecimiento.

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