El edadismo no da tregua: uno de cada tres parados tiene más de 50 años y la mitad son de larga duración
Los trabajadores de más edad cuentan, por regla general, con empleos de más calidad y sueldos más elevados, y su contribución a las arcas de la Seguridad Social es un factor determinante para la sostenibilidad de las pensiones, en un momento en el que se buscan, ya a la desesperada fórmulas para retrasar la edad de jubilación por el elevado gasto. Pero los sénior también siguen siendo objetivo preferente en los planes de salidas de las empresas y cuando pierden el empleo y tienen que buscar uno nuevo sufren más que el resto: más tiempo en paro y más dificultades para encontrarlo. Siguen sufriendo como nadie las consecuencias del edadismo, una discriminación laboral por razones de edad.
Un estudio de la Fundación Más Sénior titulado «Informe sobre la paradoja del mercado laboral sénior en España», pone negro sobre blanco una discriminación estructural en el mercado de trabajo en España basada en la edad y justificada por los costes. «El mercado laboral actual opera bajo el ‘sesgo de la novedad’, asumiendo erróneamente que la juventud equivale a productividad y la veteranía a carestía», dice el trabajo.
En un momento en el que se baten récord de empleo, los datos, en este caso, sobre los mayores hablan por sí solos: menos contratos, más despidos y más paro. En marzo de 2026, los menores de 25 años firmaron casi el mismo volumen de contratos (308.094) que todo el colectivo mayor de 45 años (367.204), a pesar de que estos últimos suponen la mitad de la población activa. Y su papel es protagonista en las listas del desempleo. Según datos de la EPA, uno de cada tres parados tiene más de 50 años y más de la mitad lo son de larga duración, «atrapados en un círculo de exclusión que compromete sus futuras pensiones», señala la Fundación. Las mujeres representan el 57% del desempleo sénior, «enfrentándose al edadismo, sumado al sexismo estructural».










