Catalunya aspira a crecer en 1.000 millones de euros anuales y 10.000 empleos si despliega la industria de defensa

Europa está haciendo suya la máxima latina «‘Si vis pacem, para bellum'» [Si quieres paz, prepárate para la guerra] y Catalunya puede jugar un lucrativo papel en este nuevo escenario, poniendo su tradición industrial y su ecosistema innovador al servicio de las estrategias de defensa. No para fabricar directamente misiles, tanques o fragatas, un negocio históricamente polémico y ausente en tierras catalanas y que el Estado ha preferido localizar en Andalucía y Madrid, sino como palanca de crecimiento económico para empresas que ya desarrollan un producto ‘civil’ y pueden ampliar su facturación compatibilizándolo con usos militares. Lo que empieza a ser común identificar como «tecnologías de uso dual».
En 2022, los truenos de la guerra volvieron a resonar en Europa cuando Rusia inició la invasión de Ucrania, desencadenando un proceso de rearme global por el que los estados del Viejo Continente han apostado, recelosos como están de su nueva relación con los Estados Unidos de Donald Trump. Europa quiere depender militarmente de sí misma y para ello ha trazado un plan que pasa por poder comprar el 60% de su armamento y suministros a proveedores europeos.

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