El modelo de crecimiento basado en la prolongación sistemática del tiempo de trabajo comienza a mostrar signos claros de agotamiento en Asia. Durante años, la extensión de la jornada actuó como un amortiguador frente a déficits estructurales de productividad, capital y organización empresarial. Hoy, en un contexto de desaceleración económica, mayor disciplina financiera y tensiones demográficas crecientes, ese mecanismo pierde eficacia y empieza a generar costes visibles para empresas y gobiernos.

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