A la City se le suben los colores

Bob DiamondEscribe Walter Oppenheimer para El País.com–Cuando estalló la crisis financiera, muchos agoreros empezaron a ver el principio del fin de la City de Londres. Con las grandes economías en recesión y la banca británica especialmente afectada, con dos grandes bancos literalmente nacionalizados (RBS y Lloyds), otro en el sanatorio de terminales (Northern Rock) y un cuarto ya en la morgue en forma de absorción (HBOS), empezaban a tañer las campanas.

Para sorpresa general, la City apenas tardó un par de años en recuperar el pulso. El centro de gravedad de la crisis se trasladó de la banca a los tesoros públicos, atontados por el agujero que la medicina suministrada a los bancos había producido en las arcas públicas.

La economía británica, una de las más afectadas, pasó de puntillas por todo eso a pesar de ser quizás el pecador más grande de todos: sus bancos son los que más fondos públicos han necesitado; sus cuentas públicas están entre las peores de Europa: su economía es de las que peor se comportan en términos de crecimiento a pesar de que al estar fuera del euro ha podido devaluar su moneda a voluntad. El hecho de estar fuera del euro ha sido su gran paraguas, al eludir las tormentas de la deuda soberana.

Con ese escenario, la City estaba otra vez estirando el cuello, gallarda, y hace ya un año y medio el banquero más famoso de la ciudad, Bob Diamond, daba por concluido el periodo de “remordimientos y disculpas” al que muchos, aunque no él, habían apelado.

Todo eso, y el empleo de Diamond como consejero delegado de Barclays, ha saltado por los aires en una semana. Ha bastado que los reguladores británicos y de Estados Unidos impusieran a Barclays sanciones por 360 millones de euros por manipular durante años el índice de los préstamos interbancarios (el líbor y el euríbor) para que resurja con más fuerza que nunca el debate sobre los excesos de la City, sobre la compatibilidad entre la banca de inversiones y la banca comercial, sobre la necesidad de regular a un sector que se considera ya demasiado regulado.

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