Todo suena natural. La dicción es buena, las palabras se entrelazan al ritmo debido y forman frases fluidas, con las pausas que uno haría al leer un texto. La entonación y la velocidad del habla también parecen humanas. Pero no lo son: estamos escuchando un audiolibro narrado por una voz sintética. Nadie se ha sentado en un estudio a grabarlo, y eso preocupa a los narradores profesionales, que ya están viendo caer sus ingresos. La industria, en cambio…

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