Motivar a los empleados para que participen en programas formativos internos nunca ha sido tarea sencilla. La falta de tiempo, el escaso compromiso o la percepción de que la formación interfiere en la rutina personal y laboral suelen ser barreras difĆciles de superar. Si bienĀ es cierto que el impulso llegó como respuesta reactiva a la pandemia, cuando las empresas se vieron obligadas aĀ trasladar la capacitación de sus empleados a entornos digitales, lo que al principio fue una solución de urgencia, Ā«ha terminado consolidĆ”ndose como una herramienta estratĆ©gica y con buena acogidaĀ», analiza AndrĆ©s Núñez, director de formación de la CĆ”mara De Comercio de Barcelona. Ā«Las tecnologĆas ya existentes como plataformas de videoconferencia, aulas virtuales o entornos colaborativos, se pusieron al servicio de la necesidad latente de seguir aprendiendo en medio de esta disrupciónĀ», explica. Desde entonces,Ā todo ha evolucionado con rapidez. A los operadores tradicionales se han sumado nuevos actores que perfeccionan cada dĆa la experiencia formativa como mejores plataformas, conexiones mĆ”s estables, capacidad de participación del alumno, generación de contenidos, etc⦠ademĆ”s de las nuevas opciones que la IA nos ofrece.
Desde la Escuela de Organización Industrial (EOI), pionera en la formación online desde 1997, insisten en que el debate no debe centrarse en si la modalidad virtual es mejor o peor, sino en discernir qué tipo de formación tiene verdadero sentido en cada contexto. «Hoy somos mÔs conscientes y tenemos mÔs evidencias de que no todo tiene el mismo impacto independientemente de si la formación es presencial o virtual», apunta Ramón GurriarÔn, director de Postgrado y Executive Education de la EOI.
«En la actualidad, mÔs del 40% de las grandes empresas utilizan la formación digital como parte fundamental de su estrategia de talento, y se estima un crecimiento del 250% en el sector corporativo hacia 2026», explica Mª Angeles Tajuelo directora de Aprendizaje y Soluciones de Adecco Learning & Consulting. Todo ello impulsado por la transformación tecnológica y por la propia demanda de los trabajadores, que ven en la formación continua un camino para asegurar su empleabilidad y crecimiento profesional.



