La robótica avanza a pasos agigantados y todavía no ha tocado techo. Habita nuestras casas en forma de dispositivos inteligentes, está presente en el sector de la hostelería como apoyo a los camareros, se ha hecho un hueco en los quirófanos para conseguir intervenciones menos agresivas y, por supuesto, ha colonizado la industria, donde convive desde hace décadas con los operarios de carne y hueso.

Por hacerse una idea del mastodóntico universo que suponen los autómatas, el ‘stock’ de robots industriales en las fábricas de todo el mundo supera ya los 2,7 millones de unidades, el mayor nivel de la historia, según la Federación Internacional de Robótica.

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