Barcelona comenzó hace 20 años su transformación económica con un ojo puesto en la innovación, pero Madrid recorta esa ventaja a pasos agigantados. Si la primera es la ciudad favorita del talento internacional, la segunda es donde ruge el capital.
En un relato de política-ficción, la suma de ambos hubs daría lugar al tercer gigante europeo del emprendimiento digital.
Madrid y Barcelona son ciudades que se miran en el espejo de la otra. Si la primera siempre ha admirado la sofisticación de la segunda, esta ha observado con asombro y temor la extraordinaria pujanza de aquella. Existe, claro, una rivalidad deportiva cuyo epítome es el clásico futbolero, pero también y sobre todo una tensión política donde Madrid representa el todo y Barcelona (Cataluña) la singular parte. En esta relación agridulce, el termómetro de la nueva economía juega un papel fundamental.
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