Algunos de los viejos fantasmas de la economía española han regresado. En particular, la evolución de la productividad, que ha vuelto a estancarse tras los avances registrados durante los años de recesión. En aquellos años, a causa de la destrucción de empleo de escaso valor añadido, se produjo un ‘efecto composición’ que disparó temporalmente la productividad. Es decir, al salvarse durante la crisis –en mayor medida– los empleos de mayor cualificación, la productividad creció con fuerza, pero no por razones estructurales, sino por la destrucción de puestos de trabajo.

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