Si lo que pretendían las últimas reformas laborales era reducir los costes de despido, el intento ha sido en vano. Tanto que las indemnizaciones que pagan las empresas a sus trabajadores cuando son despedidos –sin tener en cuenta las causas– son prácticamente iguales a las cuantías que se abonaban, como media, antes de la reforma laboral de febrero de 2012.

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